Aún son insuficientes los espacios para exhibir y mercadear las obras de arte en la isla caribeña. Existe un sistema de galerías institucionales que rigen lo que se expone o no en el país. Fuera de estas, no está permitida la apertura de galerías privadas, lo cual constituye una real traba para muchos artistas en Cuba.
A partir sobre todo, de la pasada Bienal de La Habana, donde hubo una gran afluencia de público de todo el mundo, muchos artistas comenzaron a mostrar sus obras desde sus casas o estudios de trabajo. Era una manera más cómoda e inteligente de hacer llegar a todos su arte, además de que se ahorraban la mediación de la institución en la compra – venta de piezas.
Una tendencia con muchas aristas…
Así, actualmente se ha conformado en La Habana una amplia red de Estudios-Taller u «Open Studios», donde además se realizan conversatorios sobre arte, inauguraciones y fiestas. También les llaman Casa-Estudio, Casa-Taller o Galería-Taller. El circuito entonces para ver arte en Cuba se ampliado muchísimo. Por supuesto, esta expansión ha sucedido sobre todo en su capital, centro sustancial del arte cubano, aunque ha llegado también al resto de las provincias.
Otro fenómeno curioso, que delata la buena salud del arte contemporáneo cubano, es el regreso al país de muchos artistas que habían emigrado por variadas razones, artistas que también han abierto sus estudios y se han insertado en la competencia. Incluso, creadores que viven fundamentalmente en otro país, mantienen su espacio en La Habana.
Por supuesto, existen algunos Estudios-Taller que gozan de más fama que otros, que diríamos conforman el mainstream de los espacios privados y que organizan recorridos turísticos, intercambios entre instituciones y universidades del mundo y exposiciones con artistas cubanos y extranjeros.
Algunos ejemplos: “El Apartamento”, que reúne una importante nómina de artistas cubanos contemporáneos; “Artista x Artista”, la galería de Carlos Garaicoa, uno de los artistas más descollantes de las últimas décadas, ambas en el Vedado; el estudio de Sandra Ramos, en el moderno barrio de Kholy, y por último el «Estudio-Taller Gorría», de otro joven artista cubano, Adán Perugorría, en La Habana Vieja.
